ELECCIÓN FEMENINA DESPUÉS DE LA CÓPULA: ELECCIÓN CRÍPTICA
Los estudios clásicos sobre selección sexual se han realizado habitualmente determinando cuáles son las características masculinas preferidas por las hembras.
Así, en muchas especies de aves se sabe que las hembras prefieren aparearse con machos de coloración más llamativa, de cola más larga, o bien con características fenotípicas especiales.
Este tipo de elección femenina es evidente para un observador y ha sido por lo tanto estudiada de forma intensa.
Existe sin embargo otro tipo de elección femenina, que ocurre después del inicio de la cópula, y que no es evidente para un observador.
Este tipo de elección femenina se denomina críptica, precisamente porque no hay ninguna evidencia conductual externa que nos permita saber qué es lo que está realmente realizando la hembra.
Si la hembra utiliza mecanismos para sesgar la probabilidad de fertilización de cada uno de los machos con los que se ha apareado, esperamos que el comportamiento masculino evolucione para maximizar esa probabilidad.
Es decir, los machos deben comportarse como si las hembras tuviesen el control de la fertilización.
Un claro ejemplo de que la elección femenina críptica es importante es la existencia de cortejo durante y después de la cópula.
Si el apareamiento sirviese exclusivamente para inseminar a la hembra, entonces esperaríamos que el cortejo se hiciese exclusivamente antes de la cópula, es decir, que el cortejo fuese un comportamiento utilizado para “convencer a la hembra” para aparearse con ese macho.
Por el contrario, un estudio realizado sobre más de 100 especies de insectos y arañas demuestra que más del 80% de ellas presentan cortejo durante la cópula.
La evidencia experimental también demuestra que el cortejo durante la cópula sirve para aumentar la probabilidad de fertilización de los huevos por parte del macho que lo realiza.
Por ejemplo el macho del escarabajo de la harina (Tribolium) roza las alas de la hembra de forma rítmica con sus patas mientras están en cópula.
Si experimentalmente se eliminan los tarsos de las patas del macho, éste continúa haciendo el comportamiento, pero la hembra no lo detecta ya que no la toca.
En este tipo de situación, la probabilidad de que el macho fertilice los huevos que pondrá la hembra a continuación disminuye significativamente con respecto a aquellos machos que sí pudieron frotar las alas de la hembra.
Esto demuestra que el comportamiento de frotar las alas es un comportamiento de cortejo.
Otros ejemplos similares se han hallado estudiando el comportamiento de una mariposa norteamericana (Utheteisa ornatrix), cuyas hembras sesgan la paternidad hacia el mayor de los machos con los que se han apareado.
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1 comentarios:
muy interesante en la diversidad esta el gusto como dicen
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