miércoles 21 de mayo de 2008

EL ODONTÓLOGO Y EL GUERRILLERO: LA HISTORIA DEL ODONTÓLOGO DEL CHÉ GUEVARA

Para nadie es un secreto que Ernesto Guevara de La Serna “el Ché Guevara”, fue un medico de profesión, egresado de la Universidad de Buenos Aires; y que sus primeras participaciones en la guerrilla de Castro fue justamente en calidad de médico.

Lo que poco se sabe de este mítico personaje es que tiempo atrás de penetrar en territorio boliviano, solicito los servicios de un odontólogo.

Era el ocho de octubre de 1967. El Che fue asesinado en el local de la humilde escuelita de La Higuera, un pequeño poblado de la geografía andina.

Durante 11 meses de duro bregar por diversos puntos de ese territorio, el combatiente argentino-cubano, permaneció al frente de la guerrilla en Bolivia, a donde llegó luego de una cuidadosa labor de enmascaramiento, para evitar ser detectado.

Esa delicada tarea la realizó con gran habilidad el experimentado odontólogo Luis Carlos García Gutiérrez, a quien, desde niño, sus allegados, llaman Fisín.


El relato sobre la interesante labor que realizó se recoge en las páginas de un libro testimonial, de su autoría, titulado: La otra cara del combate, donde se reflejan con minuciosidad múltiples detalles ocurridos desde el momento en que le confiaron esa tarea, hasta que, tras el deceso del Che, se pudo dar a conocer ante el mundo, cómo salió de África y llegó a Bolivia sin ser reconocido, a pesar de que muchos especialistas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos, le buscaban con afán.

Para ampliar sobre el tema se produjo un encuentro con Fisín, en su casa de la capital cubana, donde sin inútiles protocolos, este hombre de hablar pausado y larga historia de luchas en las filas del Partido desde su lejana adolescencia, conversó sobre esa delicada labor que inició con el Che, en Dar-es-Salaam, la capital tanzana, durante los últimos días de 1965.


Con el impulso de una taza de café criollo evocó sus recuerdos, desde la época en que ambos se vieron por primera vez. El objetivo entonces era sacar al Che de África hacia Europa, sin que fuera reconocido por los miembros de la CIA, que desde meses atrás, le buscaban afanosamente, por diversas ciudades del orbe.

Sobre el enmascaramiento realizado, dijo Fisín con sencillez que consistía en un chaleco, que debía usar debajo de la camisa, abultado en la espalda, de modo que el Che sería un persona gibosa. Unos zapatos que yo había arreglado en La Habana, para aumentarle la estatura, de tres a cuatro centímetros; unos espejuelos, que le permitirían ver hacia atrás y una prótesis o sobre-dentadura, que hice allí mismo, después de tomarle las impresiones de la boca, lo que fue preparado especialmente para el legendario combatiente.

Luego añadió, la idea de superponerle una dentadura fue muy exitosa, aunque no era fácil de usar, pues debía lograrse una comodidad relativa, que permitiera articular palabras y, si fuera necesario, ingerir algún alimento.

Vale destacar que las impresiones tomadas por entonces a la arcada dentaria del Che, sirvieron años más tarde para identificar con exactitud sus restos, que fueron enterrados en la misma región que los otros compañeros de la guerrilla boliviana.

La gran lucidez de este locuaz interlocutor, desmiente sus casi nueve décadas de vida. En un giro de nuestra conversación aprovechó, para insistir en los espejuelos que usaba el Che como complemento, pues constituían un detalle de gran importancia en el enmascaramiento y entonces dijo: Le probé los espejuelos, que tenían unos cristales tallados de tal manera, que parecían más gruesos, muy parecidos a los que usan los miopes. Con ellos podía mirar hacia atrás, sin necesidad de volver la cabeza.

También señaló algo muy significativo que no quería pasar por alto y era la forma del nacimiento del cabello en el centro de la frente del Che, que comenzaba como un pico de ave y recordó que la eliminó por completo, además de quitarle un poco del pelo en la zona de las sienes, que tenía bien poblada.

Una valiosa opinión sobre el trabajo de enmascaramiento al Che, antes de irse a Bolivia, es la que hizo el Comandante en Jefe, Fidel Castro, cuando destacó: “El día que se marchó definitivamente, invité a varios compañeros de los de más confianza, a una comida con un visitante que teníamos. El visitante era el Che ya disfrazado. No lo conocía nadie en absoluto, con el disfraz que se hizo”.

Estas palabras avalan la calidad del trabajo hecho al Guerrillero Heroico, para que no lo reconocieran ni sus allegados.


Al pasar el tiempo, su hija Aleida aseveró, que cuando ocurrieron estos hechos era una niña pequeña. En esos días fue a verlo con sus hermanos a una casa donde estaba el Che en las afueras de La Habana.

Entonces recordó que lo vio como un hombre raro, que dijo llamarse Ramón y ser un español muy amigo de su padre, que luego los llevó a comer. A ella le llamó especialmente la atención, al decirle que el lugar en que él se había sentado a la mesa, era el que siempre ocupaba su papá.
Tomado de Radio Metropolitana de Cuba

1 comentarios:

Anónimo dijo...

incisivo interesante tu ariculo quien diria que el che tambien buscaba el aseo dental,jajajjjaj....sigue escribiendo bacan tu blog